Sahih al-Bukhari - Hadith 6982

Libro: Interpretación de los sueños
Capítulo: Inicio de la revelación divina al Mensajero de Allah (saws) en forma de buenos sueños

كتاب التعبير

حَدَّثَنَا يَحْيَى بْنُ بُكَيْرٍ، حَدَّثَنَا اللَّيْثُ، عَنْ عُقَيْلٍ، عَنِ ابْنِ شِهَابٍ،‏.‏ وَحَدَّثَنِي عَبْدُ اللَّهِ بْنُ مُحَمَّدٍ، حَدَّثَنَا عَبْدُ الرَّزَّاقِ، حَدَّثَنَا مَعْمَرٌ، قَالَ الزُّهْرِيُّ فَأَخْبَرَنِي عُرْوَةُ، عَنْ عَائِشَةَ ـ رضى الله عنها ـ أَنَّهَا قَالَتْ أَوَّلُ مَا بُدِئَ بِهِ رَسُولُ اللَّهِ صلى الله عليه وسلم مِنَ الْوَحْىِ الرُّؤْيَا الصَّادِقَةُ فِي النَّوْمِ، فَكَانَ لاَ يَرَى رُؤْيَا إِلاَّ جَاءَتْ مِثْلَ فَلَقِ الصُّبْحِ، فَكَانَ يَأْتِي حِرَاءً فَيَتَحَنَّثُ فِيهِ ـ وَهْوَ التَّعَبُّدُ ـ اللَّيَالِيَ ذَوَاتِ الْعَدَدِ، وَيَتَزَوَّدُ لِذَلِكَ ثُمَّ يَرْجِعُ إِلَى خَدِيجَةَ فَتُزَوِّدُهُ لِمِثْلِهَا، حَتَّى فَجِئَهُ الْحَقُّ وَهْوَ فِي غَارِ حِرَاءٍ فَجَاءَهُ الْمَلَكُ فِيهِ فَقَالَ اقْرَأْ‏.‏ فَقَالَ لَهُ النَّبِيُّ صلى الله عليه وسلم ‏"‏ فَقُلْتُ مَا أَنَا بِقَارِئٍ فَأَخَذَنِي فَغَطَّنِي حَتَّى بَلَغَ مِنِّي الْجَهْدَ ثُمَّ أَرْسَلَنِي‏.‏ فَقَالَ اقْرَأْ‏.‏ فَقُلْتُ مَا أَنَا بِقَارِئٍ‏.‏ فَأَخَذَنِي فَغَطَّنِي الثَّانِيَةَ حَتَّى بَلَغَ مِنِّي الْجَهْدَ، ثُمَّ أَرْسَلَنِي فَقَالَ اقْرَأْ‏.‏ فَقُلْتُ مَا أَنَا بِقَارِئٍ‏.‏ فَغَطَّنِي الثَّالِثَةَ حَتَّى بَلَغَ مِنِّي الْجَهْدُ، ثُمَّ أَرْسَلَنِي فَقَالَ اقْرَأْ بِاسْمِ رَبِّكَ الَّذِي خَلَقَ ‏"‏‏.‏ حَتَّى بَلَغَ ‏{‏مَا لَمْ يَعْلَمْ‏}‏ فَرَجَعَ بِهَا تَرْجُفُ بَوَادِرُهُ حَتَّى دَخَلَ عَلَى خَدِيجَةَ فَقَالَ ‏"‏ زَمِّلُونِي زَمِّلُونِي ‏"‏‏.‏ فَزَمَّلُوهُ حَتَّى ذَهَبَ عَنْهُ الرَّوْعُ فَقَالَ ‏"‏ يَا خَدِيجَةُ مَا لِي ‏"‏‏.‏ وَأَخْبَرَهَا الْخَبَرَ وَقَالَ ‏"‏ قَدْ خَشِيتُ عَلَى نَفْسِي ‏"‏‏.‏ فَقَالَتْ لَهُ كَلاَّ أَبْشِرْ، فَوَاللَّهِ لاَ يُخْزِيكَ اللَّهُ أَبَدًا، إِنَّكَ لَتَصِلُ الرَّحِمَ، وَتَصْدُقُ الْحَدِيثَ، وَتَحْمِلُ الْكَلَّ، وَتَقْرِي الضَّيْفَ، وَتُعِينُ عَلَى نَوَائِبِ الْحَقِّ‏.‏ ثُمَّ انْطَلَقَتْ بِهِ خَدِيجَةُ حَتَّى أَتَتْ بِهِ وَرَقَةَ بْنَ نَوْفَلِ بْنِ أَسَدِ بْنِ عَبْدِ الْعُزَّى بْنِ قُصَىٍّ ـ وَهْوَ ابْنُ عَمِّ خَدِيجَةَ أَخُو أَبِيهَا، وَكَانَ امْرَأً تَنَصَّرَ فِي الْجَاهِلِيَّةِ، وَكَانَ يَكْتُبُ الْكِتَابَ الْعَرَبِيَّ فَيَكْتُبُ بِالْعَرَبِيَّةِ مِنَ الإِنْجِيلِ مَا شَاءَ اللَّهُ أَنْ يَكْتُبَ، وَكَانَ شَيْخًا كَبِيرًا قَدْ عَمِيَ ـ فَقَالَتْ لَهُ خَدِيجَةُ أَىِ ابْنَ عَمِّ اسْمَعْ مِنِ ابْنِ أَخِيكَ‏.‏ فَقَالَ وَرَقَةُ ابْنَ أَخِي مَاذَا تَرَى فَأَخْبَرَهُ النَّبِيُّ صلى الله عليه وسلم مَا رَأَى فَقَالَ وَرَقَةُ هَذَا النَّامُوسُ الَّذِي أُنْزِلَ عَلَى مُوسَى، يَا لَيْتَنِي فِيهَا جَذَعًا أَكُونُ حَيًّا، حِينَ يُخْرِجُكَ قَوْمُكَ‏.‏ فَقَالَ رَسُولُ اللَّهِ صلى الله عليه وسلم ‏"‏ أَوَمُخْرِجِيَّ هُمْ ‏"‏‏.‏ فَقَالَ وَرَقَةُ نَعَمْ، لَمْ يَأْتِ رَجُلٌ قَطُّ بِمَا جِئْتَ بِهِ إِلاَّ عُودِيَ، وَإِنْ يُدْرِكْنِي يَوْمُكَ أَنْصُرْكَ نَصْرًا مُؤَزَّرًا‏.‏ ثُمَّ لَمْ يَنْشَبْ وَرَقَةُ أَنْ تُوُفِّيَ، وَفَتَرَ الْوَحْىُ فَتْرَةً حَتَّى حَزِنَ النَّبِيُّ صلى الله عليه وسلم فِيمَا بَلَغَنَا حُزْنًا غَدَا مِنْهُ مِرَارًا كَىْ يَتَرَدَّى مِنْ رُءُوسِ شَوَاهِقِ الْجِبَالِ، فَكُلَّمَا أَوْفَى بِذِرْوَةِ جَبَلٍ لِكَىْ يُلْقِيَ مِنْهُ نَفْسَهُ، تَبَدَّى لَهُ جِبْرِيلُ فَقَالَ يَا مُحَمَّدُ إِنَّكَ رَسُولُ اللَّهِ حَقًّا‏.‏ فَيَسْكُنُ لِذَلِكَ جَأْشُهُ وَتَقِرُّ نَفْسُهُ فَيَرْجِعُ، فَإِذَا طَالَتْ عَلَيْهِ فَتْرَةُ الْوَحْىِ غَدَا لِمِثْلِ ذَلِكَ، فَإِذَا أَوْفَى بِذِرْوَةِ جَبَلٍ تَبَدَّى لَهُ جِبْرِيلُ فَقَالَ لَهُ مِثْلَ ذَلِكَ‏.‏ قَالَ ابْنُ عَبَّاسٍ ‏{‏فَالِقُ الإِصْبَاحِ‏}‏ ضَوْءُ الشَّمْسِ بِالنَّهَارِ، وَضَوْءُ الْقَمَرِ بِاللَّيْلِ‏.‏
Nos relató Yahya ibn Bukayr: nos relató Al-Layth, de Uqayl, de Ibn Shihab. Y me relató Abdullah ibn Muhammad: nos relató Abd al-Razzaq, nos relató Ma'mar. Al-Zuhri dijo: Urwa me informó, de Aisha (ra), que dijo: «Lo primero con lo que comenzó la Revelación al Mensajero de Allah ﷺ fueron las visiones verídicas durante el sueño. No tenía ninguna visión sin que esta se hiciera realidad con una claridad semejante a la del despuntar del alba. Después solía ir a Hira y allí se entregaba a la devoción —es decir, a la adoración— durante varias noches seguidas, para lo cual se proveía de víveres. Luego regresaba junto a Jadiya y ella lo abastecía de nuevo para un periodo semejante, hasta que la Verdad le llegó mientras se encontraba en la cueva de Hira. Allí se le presentó el ángel y le dijo: “¡Lee!”. El Profeta ﷺ dijo: “Respondí: ‘No sé leer’. Entonces me agarró y me apretó hasta llevarme al límite de mis fuerzas; después me soltó y dijo: ‘¡Lee!’. Respondí: ‘No sé leer’. Volvió a agarrarme y me apretó por segunda vez hasta llevarme al límite de mis fuerzas; después me soltó y dijo: ‘¡Lee!’. Respondí: ‘No sé leer’. Entonces me apretó por tercera vez hasta llevarme al límite de mis fuerzas; después me soltó y dijo: ‘Lee en el nombre de tu Señor, que ha creado…’, hasta llegar a: ‘…lo que no sabía’”. Regresó con aquello mientras le temblaban los músculos entre el cuello y los hombros, hasta que entró adonde estaba Jadiya y dijo: “¡Cubridme, cubridme!”. Lo cubrieron hasta que se le pasó el miedo. Entonces dijo: “¡Jadiya! ¿Qué me ocurre?”. Le contó lo sucedido y dijo: “He temido por mí mismo”. Ella le respondió: “¡De ningún modo! Alégrate, pues, por Allah, Allah jamás te deshonrará. Tú mantienes los lazos de parentesco, dices la verdad, ayudas a quienes no pueden valerse por sí mismos, honras al huésped y prestas ayuda ante las adversidades que sobrevienen por causa de la verdad”. Después, Jadiya se marchó con él hasta llevarlo ante Waraqa ibn Nawfal ibn Asad ibn Abd al-Uzza ibn Qusayy, primo paterno de Jadiya y hermano de su padre. Era un hombre que había abrazado el cristianismo durante la época de la ignorancia. Escribía en escritura árabe y copiaba en árabe del Evangelio cuanto Allah quería que escribiese. Era ya un anciano de avanzada edad y se había quedado ciego. Jadiya le dijo: “¡Primo mío! Escucha a tu sobrino”. Waraqa preguntó: “Sobrino mío, ¿qué has visto?”. El Profeta ﷺ le contó lo que había visto, y Waraqa dijo: “Este es el mismo Confidente de los secretos que fue enviado a Musa (as). ¡Ojalá fuera yo joven y fuerte en ese tiempo! ¡Ojalá estuviera vivo cuando tu pueblo te expulse!”. El Mensajero de Allah ﷺ preguntó: “¿Acaso van a expulsarme?”. Waraqa respondió: “Sí. Jamás vino un hombre con algo como lo que tú has traído sin que se mostrase enemistad contra él. Si alcanzo el día en que eso te suceda, te prestaré un apoyo firme y poderoso”. Poco después, Waraqa falleció y la Revelación quedó interrumpida durante un tiempo, hasta el punto de que el Profeta ﷺ, según nos ha llegado, se entristeció tanto que en repetidas ocasiones salió con la intención de arrojarse desde las cumbres de elevadas montañas. Cada vez que alcanzaba la cima de una montaña para arrojarse desde ella, Jibril se le aparecía y le decía: “¡Muhammad! Tú eres verdaderamente el Mensajero de Allah ﷺ”. Con ello se calmaba su ánimo, su alma recobraba la serenidad y regresaba. Cuando la interrupción de la Revelación volvía a prolongarse, salía de nuevo con la misma intención; y cuando alcanzaba la cima de una montaña, Jibril se le aparecía y le decía lo mismo». Ibn Abbas dijo: «“El que hace despuntar el alba” se refiere a la luz del sol durante el día y a la luz de la luna durante la noche».
Referencia: Sahih al-Bukhari 6982
Referencia en el libro: Libro 91, Hadith 1
Referencia USC-MSA: Vol. 9, Libro 87, Hadith 111
Nos relató Yahya ibn Bukayr: nos relató Al-Layth, de Uqayl, de Ibn Shihab. Y me relató Abdullah ibn Muhammad: nos relató Abd al-Razzaq, nos relató Ma'mar. Al-Zuhri dijo: Urwa me informó, de Aisha (ra), que dijo: «Lo primero con lo que comenzó la Revelación al Mensajero de Allah ﷺ fueron las visiones verídicas durante el sueño. No tenía ninguna visión sin que esta se hiciera realidad con una claridad semejante a la del despuntar del alba. Después solía ir a Hira y allí se entregaba a la devoción —es decir, a la adoración— durante varias noches seguidas, para lo cual se proveía de víveres. Luego regresaba junto a Jadiya y ella lo abastecía de nuevo para un periodo semejante, hasta que la Verdad le llegó mientras se encontraba en la cueva de Hira. Allí se le presentó el ángel y le dijo: “¡Lee!”. El Profeta ﷺ dijo: “Respondí: ‘No sé leer’. Entonces me agarró y me apretó hasta llevarme al límite de mis fuerzas; después me soltó y dijo: ‘¡Lee!’. Respondí: ‘No sé leer’. Volvió a agarrarme y me apretó por segunda vez hasta llevarme al límite de mis fuerzas; después me soltó y dijo: ‘¡Lee!’. Respondí: ‘No sé leer’. Entonces me apretó por tercera vez hasta llevarme al límite de mis fuerzas; después me soltó y dijo: ‘Lee en el nombre de tu Señor, que ha creado…’, hasta llegar a: ‘…lo que no sabía’”. Regresó con aquello mientras le temblaban los músculos entre el cuello y los hombros, hasta que entró adonde estaba Jadiya y dijo: “¡Cubridme, cubridme!”. Lo cubrieron hasta que se le pasó el miedo. Entonces dijo: “¡Jadiya! ¿Qué me ocurre?”. Le contó lo sucedido y dijo: “He temido por mí mismo”. Ella le respondió: “¡De ningún modo! Alégrate, pues, por Allah, Allah jamás te deshonrará. Tú mantienes los lazos de parentesco, dices la verdad, ayudas a quienes no pueden valerse por sí mismos, honras al huésped y prestas ayuda ante las adversidades que sobrevienen por causa de la verdad”. Después, Jadiya se marchó con él hasta llevarlo ante Waraqa ibn Nawfal ibn Asad ibn Abd al-Uzza ibn Qusayy, primo paterno de Jadiya y hermano de su padre. Era un hombre que había abrazado el cristianismo durante la época de la ignorancia. Escribía en escritura árabe y copiaba en árabe del Evangelio cuanto Allah quería que escribiese. Era ya un anciano de avanzada edad y se había quedado ciego. Jadiya le dijo: “¡Primo mío! Escucha a tu sobrino”. Waraqa preguntó: “Sobrino mío, ¿qué has visto?”. El Profeta ﷺ le contó lo que había visto, y Waraqa dijo: “Este es el mismo Confidente de los secretos que fue enviado a Musa (as). ¡Ojalá fuera yo joven y fuerte en ese tiempo! ¡Ojalá estuviera vivo cuando tu pueblo te expulse!”. El Mensajero de Allah ﷺ preguntó: “¿Acaso van a expulsarme?”. Waraqa respondió: “Sí. Jamás vino un hombre con algo como lo que tú has traído sin que se mostrase enemistad contra él. Si alcanzo el día en que eso te suceda, te prestaré un apoyo firme y poderoso”. Poco después, Waraqa falleció y la Revelación quedó interrumpida durante un tiempo, hasta el punto de que el Profeta ﷺ, según nos ha llegado, se entristeció tanto que en repetidas ocasiones salió con la intención de arrojarse desde las cumbres de elevadas montañas. Cada vez que alcanzaba la cima de una montaña para arrojarse desde ella, Jibril se le aparecía y le decía: “¡Muhammad! Tú eres verdaderamente el Mensajero de Allah ﷺ”. Con ello se calmaba su ánimo, su alma recobraba la serenidad y regresaba. Cuando la interrupción de la Revelación volvía a prolongarse, salía de nuevo con la misma intención; y cuando alcanzaba la cima de una montaña, Jibril se le aparecía y le decía lo mismo». Ibn Abbas dijo: «“El que hace despuntar el alba” se refiere a la luz del sol durante el día y a la luz de la luna durante la noche».
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