3

La Familia de Imran

آل عمران Ali 'Imran
Aya 2

Versículo (Español)

[3:2] Dios, no hay otra divinidad que Él, el Viviente, se basta a Sí mismo y se ocupa de toda la creación.

Tafsir de At-Tabari

{ٱللَّهُ لَآ إِلَٰهَ إِلَّا هُوَ ٱلۡحَيُّ ٱلۡقَيُّومُ} (2) القول في تأويل قوله تعالى :

{ الَمَ * اللّهُ لآ إِلََهَ إِلاّ هُوَ الْحَيّ الْقَيّومُ }

Dijo Abū Ja‘far: Ya hemos expuesto anteriormente la aclaración acerca del sentido de Su dicho: { الم } en lo pasado, de manera que ello dispensa de repetirlo en este lugar; y del mismo modo, la aclaración acerca de Su dicho { اللّهُ } En cuanto al sentido de Su dicho: { لا إلَهَ إلاّ هُوَ } ello es una noticia de Dios —glorificado y exaltado— por la que informa a Sus siervos de que la divinidad es exclusiva de Él, con exclusión de cuanto hay fuera de Él entre divinidades y pares; y de que la adoración no es válida ni lícita sino para Él, por Su singularidad en la señoría, Su unicidad en la divinidad, y porque todo lo que está por debajo de Él es Su dominio, y todo lo que está fuera de Él es Su creación. No tiene asociado en Su poder y Su dominio[1], como argumento —exaltado sea Su recuerdo— contra ellos: puesto que, siendo ello así, no les es lícito adorar a otro que no sea Él, ni asociar a nadie con Él en Su poder, ya que todo lo adorado fuera de Él es Su posesión, y todo lo magnificado aparte de Él es Su creación. Y sobre el poseído recae singularizar la obediencia para su dueño y dirigir su servicio a su señor y proveedor. Y haciendo saber a quienes, de entre Su creación, en el día en que esto fue revelado a Su Profeta Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz—, por medio de Su descenso a él y Su envío con ello a ellos por su lengua —las bendiciones de Dios sobre él y Su paz—, permanecían en la adoración de un ídolo, una estatua, el sol, la luna, un humano, un ángel o cualquier otra de las cosas que los hijos de Adán solían mantener como objeto de adoración y divinización, tomándola —en lugar de su Dueño y Creador— como dios y señor: que tal persona permanece en extravío, apartada del camino claro, y montada sobre una senda no recta, por dirigir la adoración a otro distinto de Él, cuando nadie tiene divinidad sino Él.

Se ha mencionado que esta sura, al comenzar Dios a revelarla, inició su apertura con aquello con lo que la inició: la negación de que la divinidad pueda pertenecer a otro distinto de Él, y Su descripción de Sí mismo con lo que la describió al comienzo, como argumento con ello contra un grupo de cristianos que acudieron al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— desde Naǧrān, y disputaron con él acerca de ‘Īsā —las bendiciones de Dios sobre él—, e incurrieron en desviación respecto de Dios. Entonces Dios —poderoso y majestuoso— reveló, acerca de su asunto y del asunto de ‘Īsā, de esta sura, algo más de treinta aleyas desde su inicio, como argumento contra ellos y contra quienes sostuvieran una doctrina semejante a la suya, para Su Profeta Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz—. Pero ellos no quisieron sino permanecer en su extravío y su incredulidad; así que los llamó a la mubāhala, y rehusaron, y pidieron que se aceptara de ellos la yizya; él —Dios le bendiga y le conceda paz— la aceptó de ellos, y se marcharon a sus tierras. Sin embargo, aunque el asunto fuera así y a ellos se dirigiera la argumentación, quienes, del resto de la creación, compartan su mismo sentido en la incredulidad en Dios y en tomar, fuera de Dios, un señor, un dios y un objeto de adoración, quedan incluidos de manera general en la prueba con la que Dios —bendito y exaltado— argumentó contra aquellos respecto de quienes descendieron estas aleyas, y quedan refutados por el Criterio con el que Él distinguió, para el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, entre él y ellos.

Mención de la transmisión de quien hemos citado respecto a que el descenso de la apertura de esta sura fue acerca de aquellos cristianos cuya descripción hemos mencionado:

Nos narró Muḥammad b. Ḥumayd, dijo: nos narró Salama b. al-Faḍl, dijo: me narró Muḥammad b. Isḥāq, de Muḥammad b. Ǧa‘far, dijo: Llegó al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— una delegación de Naǧrān: sesenta jinetes, entre ellos catorce hombres de sus notables. Entre los catorce había tres personas en quienes recaía la decisión de su asunto: al-‘Āqib, el jefe del grupo y su hombre de opinión, el dueño de su consejo, y aquel de cuyo parecer no se apartaban; su nombre era ‘Abd al-Masīḥ. Y al-Sayyid, su sostén, el encargado de su comitiva y su asamblea; su nombre era al-Ayham. Y Abū Ḥāriṯa b. ‘Alqama, hermano de Bakr b. Wā’il: su obispo, su doctor, su imām y el dueño de su escuela. Abū Ḥāriṯa había alcanzado prestigio entre ellos y había estudiado sus libros hasta que su conocimiento de su religión se hizo excelente; por ello, los reyes de los romanos, de entre los cristianos, lo honraron, le concedieron bienes y servidores, le construyeron iglesias y le prodigaron honores, por lo que les llegaba acerca de su saber y su esfuerzo en su religión. Dijo Ibn Isḥāq; dijo Muḥammad b. Ǧa‘far b. al-Zubayr: Llegaron al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— a Medina, y entraron ante él en su mezquita cuando había rezado la oración de la tarde (‘aṣr). Vestían ropas de brocado: jubbas y mantos, al modo de Balḥāriṯ b. Ka‘b. Dijo: Algunos de quienes los vieron, de entre los compañeros del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— aquel día, decían: no hemos visto, después de ellos, una delegación como la suya. Les llegó el tiempo de su oración, y se pusieron a rezar en la mezquita del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—; entonces el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «¡Dejadlos!» Y rezaron hacia el oriente. Dijo: Los nombres de los catorce de entre ellos en quienes recaía su asunto eran: al-‘Āqib, que era ‘Abd al-Masīḥ; al-Sayyid, que era al-Ayham; Abū Ḥāriṯa b. ‘Alqama, hermano de Bakr b. Wā’il; y Aws, al-Ḥāriṯ, Zayd, Qays, Yazīd, Nabīh, Ḫuwaylid b. ‘Amr, Ḫālid, ‘Abd Allāh y Yūḥannis[1], en sesenta jinetes. Habló con el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, de entre ellos, Abū Ḥāriṯa b. ‘Alqama, y al-‘Āqib ‘Abd al-Masīḥ, y al-Ayham al-Sayyid. Ellos, siendo cristianos, seguían la religión del rey, con divergencia en su asunto, pues dicen: Él es Dios, y dicen: Él es el hijo de Dios, y dicen: Él es el tercero de tres; y así es la doctrina de los cristianos. Argumentan, en su dicho «Él es Dios», que él resucitaba a los muertos, curaba las enfermedades, informaba de lo oculto, y creaba de barro una figura semejante a un ave, luego soplaba en ella y se convertía en ave; y todo ello con permiso de Dios, para hacer de él un signo para la gente. Y argumentan, en su dicho «es el hijo de Dios», que dicen: no tuvo padre conocido; y habló en la cuna con algo que nadie de los hijos de Adán antes de él había hecho. Y argumentan, en su dicho «es el tercero de tres», con el dicho de Dios —poderoso y majestuoso—: «hicimos», y «ordenamos», y «creamos», y «decretamos»; y dicen: si fuera uno, no diría sino «hice», «ordené», «decreté» y «creé»; sino que es él, ‘Īsā y Maryam. Sobre todo ello, de su dicho, descendió el Corán, y Dios mencionó a Su Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— en él su afirmación. Cuando los dos doctores hablaron con él, el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— les dijo: «¡Someteos (a Dios)!» Dijeron: ya nos hemos sometido. Dijo: «No os habéis sometido; someteos.» Dijeron: sí, ya nos sometimos antes que tú. Dijo: «Mentís: lo que os impide el islam es que atribuyáis a Dios —poderoso y majestuoso— un hijo, que adoréis la cruz y que comáis cerdo.» Dijeron: Entonces, ¿quién es su padre, Muḥammad? El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— guardó silencio ante ellos y no les respondió. Entonces Dios reveló, acerca de ello, de su dicho y de toda la divergencia de su asunto, el comienzo de la sura Āl ‘Imrān hasta algo más de ochenta aleyas de ella, y dijo: { اللّهُ لا إلَه إلاّ هُوَ الحَيّ القَيّومُ } Así abrió la sura declarando Su inocencia —bendito y exaltado— de lo que ellos dijeron, y afirmando Su unicidad en la creación y el mandato, sin asociado en ello; y como refutación contra ellos por lo que innovaron de incredulidad y por los pares que pusieron junto a Él; y como argumento contra ellos por su dicho acerca de su compañero, para hacerles reconocer con ello su extravío. Dijo: { اللّهُ لا إلَهَ إلاّ هُوَ } esto es: no tiene asociado en Su asunto.

Me narró al-Muṯannā, dijo: nos narró Isḥāq, dijo: nos narró Ibn Abī Ǧa‘far, de su padre, de al-Rabī‘, acerca de Su dicho: { الم اللّهُ لا إلَهَ إلاّ هُوَ الحَيّ القَيّومُ } dijo: Los cristianos acudieron al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— y disputaron con él acerca de ‘Īsā hijo de Maryam, y le dijeron: ¿quién es su padre? Y atribuyeron a Dios mentira y calumnia —no hay divinidad sino Él—: no tomó compañera ni hijo. Entonces el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— les dijo: «¿Acaso no sabéis que no hay hijo sino que se parece a su padre?» Dijeron: sí. Dijo: «¿Acaso no sabéis que nuestro Señor es Viviente y no muere, mientras que a ‘Īsā le sobreviene la extinción?» Dijeron: sí. Dijo: «¿Acaso no sabéis que nuestro Señor es Sustentador de toda cosa: la protege, la guarda y la provee?» Dijeron: sí. Dijo: «¿Posee ‘Īsā algo de eso?» Dijeron: no. Dijo: «¿Acaso no sabéis que a Dios —poderoso y majestuoso— no se le oculta nada en la tierra ni en el cielo?» Dijeron: sí. Dijo: «¿Sabe ‘Īsā algo de eso, salvo lo que se le enseñó?» Dijeron: no. Dijo: «En verdad, nuestro Señor formó a ‘Īsā en el seno como quiso; ¿acaso sabéis eso?» Dijeron: sí. Dijo: «¿Acaso no sabéis que nuestro Señor no come alimento, ni bebe bebida, ni le sobreviene accidente?» Dijeron: sí. Dijo: «¿Acaso no sabéis que a ‘Īsā lo llevó una mujer como lleva la mujer, luego lo dio a luz como da a luz la mujer a su hijo; luego fue alimentado como se alimenta al niño; luego comía alimento, bebía bebida y le sobrevenía accidente?» Dijeron: sí. Dijo: «Entonces, ¿cómo puede ser esto como pretendéis?» Dijo: Lo reconocieron, pero no quisieron sino negación obstinada. Entonces Dios —poderoso y majestuoso— reveló: { الم اللّهُ لا إلَهَ إلاّ هُوَ الحَيّ القَيّومُ }

القول في تأويل قوله تعالى : { الحَيّ القَيّومُ }

Los recitadores discreparon respecto de ello. Los recitadores de las ciudades lo recitaron: { الحَيّ القَيّومُ } Y se transmitió de ‘Umar b. al-Ḫaṭṭāb e Ibn Mas‘ūd que recitaban: «الحَيّ القَيّامُ» Y se mencionó de ‘Alqama b. Qays que solía recitar: «الحَيّ القَيّم »

Nos informó de ello Abū Kurayb, dijo: nos narró ‘Uṯām b. ‘Alī, dijo: nos narró al-A‘maš, de Ibrāhīm, de Abū Ma‘mar, dijo: Oí a ‘Alqama recitar: «الحَيّ القَيّمُ» Le dije: ¿tú lo oíste? Dijo: No lo sé.

Nos narró Abū Hišām al-Rifā‘ī, dijo: nos narró Wakī‘, dijo: nos narró al-A‘maš, de Ibrāhīm, de Abū Ma‘mar, de ‘Alqama, lo mismo.

Y se ha transmitido de ‘Alqama lo contrario de ello, a saber:

Nos narró Abū Hišām, dijo: nos narró ‘Abd Allāh, dijo: nos narró Šaybān, de al-A‘maš, de Ibrāhīm, de Abū Ma‘mar, de ‘Alqama, que recitó: «الحَيّ القَيّام »

La lectura respecto de la cual no es lícito, para nosotros, admitir otra, es la que ha venido con la lectura de los musulmanes por transmisión ampliamente difundida, sin connivencia ni acuerdo previo, como herencia; y la que está fijada en sus códices. Y esa es la lectura de quien recita: { الحَيّ القَيّوم }

القول في تأويل قوله تعالى : { الحَيّ }

Los exégetas discreparon acerca del sentido de Su dicho: { الحَيّ } Algunos dijeron: el sentido de ello, de parte de Dios —exaltado sea Su recuerdo—, es que se describió a Sí mismo con la permanencia, y negó de Sí la muerte que puede afectar a otros distintos de Él, de entre Su creación. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró Muḥammad b. Ḥumayd, dijo: nos narró Salama b. al-Faḍl, dijo: me narró Muḥammad b. Isḥāq, de Muḥammad b. Ǧa‘far b. al-Zubayr: { الحَيّ } «el que no muere», mientras que ‘Īsā —según su dicho— murió y fue crucificado; es decir, según el dicho de los doctores que disputaron con el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, de entre los cristianos de Naǧrān.

Me narró al-Muṯannā, dijo: nos narró Isḥāq, dijo: nos narró Ibn Abī Ǧa‘far, de su padre, de al-Rabī‘, acerca de Su dicho: { الحَيّ } dijo: quiere decir: Viviente que no muere.

Otros dijeron: el sentido de { الحَيّ } que Dios —poderoso y majestuoso— quiso en esta aleya y con el que se describió a Sí mismo, es que le es fácil disponer de todo cuanto quiere y desea; nada de lo que quiere le resulta imposible; y que no es como quien no tiene disposición alguna, de entre las divinidades y los pares.

Otros dijeron: el sentido es que Él posee la vida permanente, que no ha cesado de serle atributo y no cesará de serlo. Dijeron: Solo se describió a Sí mismo con la vida porque Él tiene vida, del mismo modo que se describió con el conocimiento porque tiene conocimiento, y con el poder porque tiene poder.

Y el sentido de ello, a mi juicio, es: (que se describió a Sí mismo con la vida permanente que no tiene extinción ni interrupción, y negó de Sí lo que es condición de todo viviente de Su creación: la extinción y el cese de la vida cuando llega su término. Así informó a Sus siervos de que Él es quien merece de Su creación la adoración y la divinidad; el Viviente que no muere ni perece, como muere todo aquel que, fuera de Él, se toma por señor, y perece todo aquel que, fuera de Él, pretende ser dios. Y argumentó contra Su creación que quien perece, desaparece, muere y se extingue, no puede ser un dios que merezca ser adorado en lugar del Dios que no perece ni muere; y que el dios es el permanente que no muere, ni perece, ni se extingue. Y ese es Dios: no hay divinidad sino Él.

القول في تأويل قوله تعالى : { القَيّوم } . Ya hemos mencionado la discrepancia de lectura respecto de ello, lo que escogemos de entre ellas, y cuál es la razón por la que escogimos lo que escogimos.

En cuanto a la interpretación de todas las variantes que hemos mencionado que los recitadores han leído, es cercana entre sí; y el sentido de todo ello es: el que se encarga de preservar toda cosa, proveerla, administrarla y disponerla conforme a lo que quiere y ama, en cuanto a cambio y sustitución, aumento y disminución. Como:

Me narró Muḥammad b. ‘Amr, dijo: nos narró Abū ‘Āṣim, dijo: nos narró ‘Īsā b. Maymūn, dijo: nos narró Ibn Abī Naǧīḥ, de Muǧāhid, acerca del dicho de Dios —glorificado sea Su elogio—: { الحَيّ القَيّومُ } dijo: el que está en pie sobre toda cosa.

Me narró al-Muṯannā, dijo: nos narró Abū Ḥuḏayfa, dijo: nos narró Šibl, de Ibn Abī Naǧīḥ, de Muǧāhid, lo mismo.

Me narró al-Muṯannā, dijo: nos narró Isḥāq, dijo: nos narró Ibn Abī Ǧa‘far, de su padre, de al-Rabī‘: { القَيّوم } Sustentador de toda cosa: la protege, la guarda y la provee.

Otros dijeron: el sentido es el estar en pie en su lugar, y lo orientaron al estar en pie permanente que no conlleva desaparición ni traslado; y que Dios —poderoso y majestuoso—, al describirse así, solo negó de Sí el cambio y el desplazamiento de un lugar a otro, y la aparición de la alteración que acontece en los humanos y en el resto de Su creación. Mención de quienes dijeron eso:

Me narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Salama, de ‘Umar b. Isḥāq, de Muḥammad b. Ǧa‘far b. al-Zubayr: { القَيّوم } el que permanece en su lugar, en Su poder sobre Su creación, sin desaparecer; mientras que ‘Īsā —según su dicho— desapareció; es decir, según el dicho de los doctores que disputaron con el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, de entre la gente de Naǧrān, acerca de ‘Īsā: se apartó del lugar en que estaba y pasó a otro distinto.

La interpretación más digna de ser tenida por correcta, de las dos, es la que dijeron Muǧāhid y al-Rabī‘: que ello es una descripción con la que Dios —exaltado sea Su recuerdo— se describe a Sí mismo como Aquel que se encarga del asunto de toda cosa: en su provisión y en apartar de ella el daño, en su custodia y su administración, y en disponerla dentro de Su poder. Ello procede del dicho de los árabes: «Fulano está en pie (qā’im) a cargo del asunto de esta ciudad», con lo que se quiere decir: el encargado de administrar su asunto. Así, al ser ese su sentido, al-qayyūm es «al-fay‘ūl» a partir del dicho del que dice: «Dios qiyām con el asunto de Su creación»; y su forma originaria es al-qiyūwūm. Pero la primera wāw de al-qayyūm, al estar precedida por una yā’ quieta mientras ella está vocalizada, se convirtió en yā’; y se hizo ella y la yā’ anterior una yā’ geminada, pues así hacen los árabes con la wāw vocalizada cuando la precede una yā’ quieta. En cuanto a al-qayyām, su forma originaria es al-qiyūwām, y es al-fay‘āl, de qāma yaqūmu. La wāw vocalizada de qiyūwām fue precedida por una yā’ quieta, y ambas se convirtieron en una yā’ geminada. Y si al-qayyūm fuera fa‘‘ūl, sería al-qawwūm; pero es al-fay‘ūl. Y asimismo al-qayyām, si fuera al-fa‘‘āl, sería al-qawwām, como se dice: al-ṣawwām y al-qawwām; y como dijo —glorificado sea—: { كُونُوا قَوّامِين لِلّهِ شُهَداء بالقِسْطِ } pero es al-fay‘āl, por eso dijo: al-qayyām. En cuanto a al-qayyim, es al-fay‘il, de qāma yaqūmu: la wāw vocalizada fue precedida por una yā’ quieta, y ambas se convirtieron en una yā’ geminada; como se dice: «Fulano es el señor (sayyid) de su gente», de sāda yasūdu; y «este alimento es bueno (ǧayyid)», de ǧāda yaǧūdu; y cosas semejantes. Estas formas vinieron con estos vocablos porque con ello se pretendió la hipérbole en la alabanza; así, al-qayyūm, al-qayyām y al-qayyim son más elocuentes en la alabanza que al-qā’im. Y ‘Umar —Dios esté complacido con él— solía preferir, si Dios quiere, su lectura «al-qayyām», porque eso es lo predominante en el habla de la gente del Ḥiǧāz en las formas de tres letras que contienen yā’ y wāw: dicen del hombre orfebre (al-ṣawwāġ): al-ṣayyāġ; y dicen del hombre de mucho ir y venir: al-dayyār. Y se ha dicho que el dicho de Dios —glorificado sea Su elogio—: { لا تَذرْ على الأرْضِ من الكافرِين ديّارا } no es sino «dawwāran», «fa‘‘ālan», de dāra yadūru; pero descendió en la lengua de la gente del Ḥiǧāz, y así quedó establecida en el muṣḥaf.

Notas y Referencias

[1]