2

La Vaca

البقرة Al-Baqarah
Aya 124

Versículo (Español)

[2:124] Y [recuerda, oh, Mujámmad] cuando Abraham fue puesto a prueba por su Señor con unas órdenes, y las cumplió. Dijo [Dios]: "Haré de ti un guía para la gente". Preguntó [Abraham]: "¿Y de mis descendientes?" Dijo [Dios]: "Mi pacto [la profecía] no incluye a los injustos".

Tafsir de Al-Qurtubi

{۞وَإِذِ ٱبۡتَلَىٰٓ إِبۡرَٰهِـۧمَ رَبُّهُۥ بِكَلِمَٰتٖ فَأَتَمَّهُنَّۖ قَالَ إِنِّي جَاعِلُكَ لِلنَّاسِ إِمَامٗاۖ قَالَ وَمِن ذُرِّيَّتِيۖ قَالَ لَا يَنَالُ عَهۡدِي ٱلظَّـٰلِمِينَ} (124) En ella hay veinte cuestiones:

La primera: Puesto que se mencionó la Ka‘ba y la qibla, ello se enlazó con la mención de Abraham —la paz sea con él—, y que fue él quien edificó la Casa; por tanto, era propio de los judíos —siendo descendientes de Abraham— que no se apartasen de su religión. Y el ibtilā’ (prueba): es el examen y la verificación; su sentido es: ordenar y prescribir un acto de culto. Y “Ibrāhīm”, según lo que mencionó al-Māwardī, se interpreta en siriaco; y en árabe, según lo que mencionó Ibn ‘Aṭiyya: “padre compasivo”. Dijo al-Suhaylī: con frecuencia se da la coincidencia entre el siriaco y el árabe, o se aproximan en la pronunciación. ¿No ves que “Ibrāhīm” se interpreta como “padre misericordioso”, por su misericordia con los niños? Por eso él y Sara, su esposa, fueron puestos como garantes de los niños de los creyentes que mueren pequeños hasta el Día de la Resurrección.

Digo: Y de lo que indica esto está lo que al-Bujārī transmitió en el largo hadiz de la visión onírica, de Samura; en él: que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— vio en el jardín a Abraham —la paz sea con él— y a su alrededor a los hijos de la gente. Ya lo hemos tratado en el libro al-Tadhkira, y alabado sea Dios.

Y Abraham es hijo de Tāraj ibn Nāḥūr, según algunos historiadores. Y en la Revelación: {وَإِذْ قَالَ إِبْرَاهِيمُ لِأَبِيهِ آزَرَ[1128]} [Los Rebaños: 74]. Y así también en el Ṣaḥīḥ de al-Bujārī; y no hay contradicción en ello, conforme a lo que vendrá en “Los Rebaños”, cuya explicación —si Dios Altísimo quiere— se expondrá. Tuvo cuatro hijos: Ismā‘īl, Isḥāq, Madyan y Madā’in, según lo que mencionó al-Suhaylī. Y se antepuso el objeto por razón de énfasis, pues que el Señor —Bendito y Altísimo— sea quien prueba es algo sabido; y el hecho de que el pronombre objeto en árabe vaya unido al sujeto exige anteponer el objeto. El discurso se construyó sobre este énfasis; entiéndelo. La lectura de la mayoría: {إبراهيم} en acusativo, y {ربه} en nominativo, como hemos mencionado. Se transmitió de Jābir ibn Zayd que leyó a la inversa, y afirmó que Ibn ‘Abbās le hizo leer así. El sentido sería: Abraham invocó a su Señor y pidió; pero ello es remoto, por la bā’ en Su dicho: {بكلمات}.

La segunda: Su dicho, Altísimo: {بكلمات}. “Kalīmāt” es plural de “kalima”, y su realidad remite al habla del Creador —Altísimo—; pero se expresó con ello las funciones (wazā’if) con las que Abraham —la paz sea con él— fue encargado. Y como su imposición fue mediante la palabra, se las denominó así; del mismo modo que Jesús fue llamado “Palabra”, porque procedió de una Palabra, que es “¡Sé!”. Nombrar una cosa por su antecedente es una de las dos clases de metáfora; lo dijo Ibn al-‘Arabī.

La tercera: Los sabios discreparon sobre lo que se entiende por “las palabras”, según varias opiniones. Una de ellas: las prescripciones del Islam, que son treinta “flechas”: diez de ellas en la sura del Desvinculamiento: {التائبون العابدون[1129]} [El Arrepentimiento: 112] hasta el final; y diez en Los Confederados: {إن المسلمين والمسلمات[1130]} [Los Confederados: 35] hasta el final; y diez en Los Creyentes[1131]: {قد أفلح المؤمنون} [Los Creyentes: 1] hasta Su dicho: {على صلواتهم يحافظون} [Los Creyentes: 9]. Y Su dicho en {سأل سائل[1132]}: {إلا المصلين} hasta Su dicho: {والذين هم على صلاتهم يحافظون}. Dijo Ibn ‘Abbās —Dios esté complacido con ambos—: Dios no probó a nadie con ellas y las cumplió todas sino a Abraham —la paz sea con él—; fue probado con el Islam y lo completó, y Dios le escribió la absolución, y dijo: {وإبراهيم الذي وفى[1133]} [La Estrella: 37]. Y algunos dijeron: con el mandato y la prohibición. Y algunos dijeron: con el sacrificio de su hijo. Y algunos dijeron: con el cumplimiento de la misión profética. El sentido es cercano. Dijo Mujāhid: es Su dicho, Altísimo: “Ciertamente, te pruebo con un asunto”. Dijo: “¿Me haces para la gente un imām?”. Dijo: “Sí”. Dijo: “¿Y de mi descendencia?”. Dijo: “Mi pacto no alcanza a los injustos”. Dijo: “¿Haces de la Casa un lugar de retorno para la gente?”. Dijo: “Sí”. Dijo: “¿Y un lugar seguro?”. Dijo: “Sí”. Dijo: “¿Y nos muestras nuestros ritos y aceptas nuestro arrepentimiento?”. Dijo: “Sí”. Dijo: “¿Y provees a sus habitantes de frutos?”. Dijo: “Sí”. Según esta opinión, es Dios —Altísimo— quien completó. Más correcto que esto es lo que ‘Abd al-Razzāq mencionó de Ma‘mar, de Ṭāwūs, de Ibn ‘Abbās, sobre Su dicho: “Y cuando Abraham fue probado por su Señor con palabras y las completó”, dijo: Dios lo probó con la purificación: cinco en la cabeza y cinco en el cuerpo. En la cabeza: recortar el bigote, enjuagarse la boca, aspirar agua por la nariz, el siwāk, y separar el cabello. Y en el cuerpo: recortar las uñas, afeitar el vello púbico, la circuncisión, depilar la axila, y lavar con agua el lugar de la defecación y la micción. Según esta opinión, quien completó fue Abraham, y es lo aparente del Corán. Y Maṭar[1134] transmitió de Abū al-Jild que también son diez, salvo que puso en lugar de la separación del cabello el lavado de las barājim[1135], y en lugar del istinjā’[1136] el istihdād. Dijo Qatāda: son los ritos del ḥaŷŷ en particular. Al-Ḥasan: son seis rasgos: la estrella, la luna, el sol, el fuego, la emigración y la circuncisión. Dijo Abū Isḥāq al-Zajjāj: estas opiniones no son contradictorias, porque todo ello forma parte de aquello con lo que Abraham —la paz sea con él— fue probado.

Digo: En el Muwaṭṭa’ y en otros, de Yaḥyā ibn Sa‘īd, que oyó a Sa‘īd ibn al-Musayyib decir: Abraham —la paz sea con él— fue el primero en circuncidarse, el primero en hospedar al huésped, el primero en usar el hierro (para el vello púbico), el primero en recortar las uñas, el primero en recortar el bigote, y el primero en encanecer. Cuando vio las canas dijo: “¿Qué es esto?”. Se le dijo: “Dignidad”. Dijo: “¡Señor mío, auméntame en dignidad!”. Y Abū Bakr ibn Abī Shayba mencionó, de Sa‘īd ibn Ibrāhīm, de su padre, que dijo: el primero en pronunciar sermones desde los púlpitos fue Abraham, el Amigo íntimo de Dios. Dijo otro: y el primero en desmenuzar el tharīd, el primero en golpear con la espada, el primero en usar el siwāk, el primero en hacer istinjā’ con agua, y el primero en vestir pantalones. Y se transmitió de Mu‘ādh ibn Jabal que dijo: el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: “Si tomo un púlpito, ya lo tomó mi padre Abraham; y si tomo un bastón, ya lo tomó mi padre Abraham”.

Digo: Estos son dictámenes que es preciso exponer, detenerse en ellos y hablar de ellos. El primero de ello es la “circuncisión” y lo que se ha transmitido al respecto. Y esta es la cuestión:

La cuarta: Los sabios concuerdan en que Abraham —la paz sea con él— fue el primero en circuncidarse. Discreparon sobre la edad a la que se circuncidó. En el Muwaṭṭa’, de Abū Hurayra, como dicho detenido: (tenía ciento veinte años y vivió después de ello ochenta años). Algo así no puede ser mera opinión. Al-Awzā‘ī lo transmitió elevado (marfū‘) de Yaḥyā ibn Sa‘īd, de Sa‘īd ibn al-Musayyib, de Abū Hurayra, que dijo: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: “Abraham —la paz sea con él— se circuncidó cuando tenía ciento veinte años; luego vivió después de ello ochenta años”. Lo mencionó Abū ‘Amr[1137] Y se transmitió, con cadena continua y elevado, por otras vías distintas de la transmisión de Yaḥyā: “que se circuncidó cuando alcanzó los ochenta años, y se circuncidó con el qadūm[1138]”. Así está en el Ṣaḥīḥ de Muslim y otros: “hijo de ochenta años”; y es lo preservado en el hadiz de Ibn ‘Ajlān y el hadiz de al-A‘raŷ, de Abū Hurayra, del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—. Dijo ‘Ikrima: Abraham se circuncidó cuando tenía ochenta años. Dijo: y no circunvaló la Casa, después, según la religión de Abraham, sino quien estaba circuncidado. Así lo dijo ‘Ikrima, y lo dijo al-Musayyib ibn Rāfi‘; lo mencionó al-Marwazī. Y “al-qadūm” se transmite con geminación y sin ella. Dijo Abū al-Zinād: al-qadūm (con geminación) es un lugar.

La quinta: Los sabios discreparon sobre la circuncisión. La mayoría sostiene que es una de las sunnas más confirmadas y parte de la fiṭra del Islam, que no es lícito abandonar en los varones. Y un grupo dijo: es obligatoria, por Su dicho, Altísimo: {أن اتبع ملة إبراهيم حنيفا} [Las Abejas: 123]. Dijo Qatāda: es la circuncisión. A ello se inclinó parte de los mālikíes, y es la opinión de al-Shāfi‘ī. Ibn Surayj[1139] argumentó su obligatoriedad por el consenso sobre la prohibición de mirar la ‘awra, y dijo: si la circuncisión no fuese obligatoria, no se habría permitido mirarla en el circuncidado. Se respondió a esto que algo semejante se permite por un interés corporal, como la mirada del médico; y la medicina no es obligatoria por consenso, conforme a lo que vendrá en “Las Abejas”, cuya explicación —si Dios Altísimo quiere— se expondrá. Y algunos de nuestros compañeros argumentaron con lo que al-Ḥaŷŷāŷ ibn Arṭā’a transmitió de Abū al-Malīḥ, de su padre, de Shaddād ibn Aws: que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: “La circuncisión es sunna para los hombres y un honor para las mujeres”. Al-Ḥaŷŷāŷ no es de aquellos con quienes se argumenta.

Digo: Lo más alto con lo que se argumenta en este capítulo es el hadiz de Abū Hurayra, del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—: “La fiṭra es cinco: la circuncisión…”, el hadiz; y vendrá. Y Abū Dāwūd transmitió de Umm ‘Aṭiyya que una mujer circuncidaba a las mujeres en Medina, y el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— le dijo: {لا تنهكي[1140]فإن ذلك أحظى للمرأة وأحب للبعل}. Dijo Abū Dāwūd: este hadiz es débil; su transmisor es desconocido. Y en una versión que mencionó Razīn: “Y no exageres, pues ello es más luminoso para el rostro y más favorable ante el hombre”.

La sexta: Si el niño nace circuncidado, queda dispensado del esfuerzo de la circuncisión. Dijo al-Maymūnī: Aḥmad me dijo: “Aquí hay un hombre a quien le nació un hijo circuncidado, y se afligió por ello con gran aflicción”. Le dije: “Si Dios te ha ahorrado el esfuerzo, ¿por qué te aflige eso?”.

La séptima: Dijo Abū al-Faraŷ al-Jawzī: se me narró de Ka‘b al-Aḥbār que trece de los profetas fueron creados circuncidados: Adán, Šīṯ, Idrīs, Noé, Sām, Lot, José, Moisés, Šu‘ayb, Salomón, Juan, Jesús y el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—. Y dijo Muḥammad ibn Ḥabīb al-Hāšimī: son catorce: Adán, Šīṯ, Noé, Hūd, Ṣāliḥ, Lot, Šu‘ayb, José, Moisés, Salomón, Zacarías, Jesús, Ḥanẓala ibn Ṣafwān “el profeta de los Compañeros del Rass[1141])”, y Muḥammad —Dios le bendiga y a todos ellos—.

Digo: Las transmisiones discrepan respecto del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—. Abū Nu‘aym al-Ḥāfiẓ mencionó en “Kitāb al-Ḥilya”, con su cadena, que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— nació circuncidado. Y Abū ‘Umar, en al-Tamhīd, transmitió: nos narró Aḥmad ibn Muḥammad ibn Aḥmad; nos narró Muḥammad ibn ‘Īsā; nos narró Yaḥyā ibn Ayyūb ibn Bādī[1142] al-‘Allāf; nos narró Muḥammad ibn Abī al-Sarī al-‘Asqalānī; nos narró al-Walīd ibn Muslim, de Šu‘ayb, de ‘Aṭā’ al-Jurāsānī, de ‘Ikrima, de Ibn ‘Abbās: que ‘Abd al-Muṭṭalib circuncidó al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— el día séptimo, hizo un banquete por él y lo llamó “Muḥammad”. Dijo Abū ‘Umar: este es un hadiz con cadena continua, extraño. Dijo Yaḥyā ibn Ayyūb: busqué este hadiz y no lo hallé en nadie de la gente del hadiz a quienes encontré, salvo en Ibn Abī al-Sarī. Dijo Abū ‘Umar: y se ha dicho que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— nació circuncidado.

La octava: Discreparon sobre cuándo se circuncida al niño. Se estableció en las noticias, de un grupo de sabios, que dijeron: Abraham circuncidó a Ismā‘īl a los trece años, y circuncidó a su hijo Isḥāq a los siete días. Y se transmitió de Fāṭima que circuncidaba a su hijo el séptimo día. Mālik lo reprobó y dijo: eso es obra de los judíos. Ibn Wahb lo transmitió de él. Dijo al-Layṯ ibn Sa‘d: se circuncida al niño entre los siete y los diez años. Algo semejante transmitió Ibn Wahb de Mālik. Dijo Aḥmad: no he oído nada sobre ello. Y en al-Bujārī, de Sa‘īd ibn Jubayr, que dijo: se preguntó a Ibn ‘Abbās: “¿Qué edad tenías cuando murió el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—?”. Dijo: “Yo entonces estaba circuncidado”. Dijo: “Y no circuncidaban al varón hasta que alcanzaba o se aproximaba a la pubertad”.

Los sabios consideraron recomendable que el hombre mayor que abraza el Islam se circuncide. ‘Aṭā’ decía: no se completa su Islam hasta que se circuncide, aunque alcance los ochenta años. Y se transmitió de al-Ḥasan que concedía licencia al anciano que abraza el Islam para no circuncidarse, y no veía inconveniente en ello, ni en su testimonio, ni en su sacrificio, ni en su peregrinación, ni en su oración. Dijo Ibn ‘Abd al-Barr: la generalidad de la gente de conocimiento está sobre esto. Y el hadiz de Burayda sobre la peregrinación del incircunciso no es firme. Y se transmitió de Ibn ‘Abbās, Jābir ibn Zayd y ‘Ikrima: que no se come el sacrificio del incircunciso y no es válido su testimonio.

La novena: Su dicho: [y el primero en usar el hierro]. El istihdād es el uso del hierro para afeitar el vello púbico. Umm Salama narró que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, cuando se aplicaba el depilatorio[1143], se encargaba de su vello púbico con su propia mano. E Ibn ‘Abbās narró que un hombre aplicó el depilatorio al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, hasta que, cuando llegó a su vello púbico, le dijo: “Apártate de mí”; y luego se lo aplicó él mismo con su mano. Y se transmitió de Anas que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— no usaba depilatorio; y cuando el vello de su pubis se hacía abundante, lo afeitaba. Dijo Ibn Juwayz Mandād: esto indica que lo más frecuente de su práctica era el afeitado, y que el depilatorio fue raro, para que sea posible conciliar ambos hadices.

La décima: Sobre el recorte de las uñas. Recortar las uñas: cortarlas; y “qilāma” es lo que se quita de ellas. Dijo Mālik: me agrada para las mujeres, en cuanto a cortar las uñas y afeitar el vello púbico, lo mismo que para los hombres. Lo mencionaron al-Ḥāriṯ ibn Miskīn y Saḥnūn, de Ibn al-Qāsim. Y al-Tirmiḏī al-Ḥakīm mencionó en sus “Nawādir al-Uṣūl”:

Nos narró ‘Umar ibn Abī ‘Umar, que dijo: nos narró Ibrāhīm ibn al-‘Alā’ al-Zubaydī, de ‘Umar ibn Bilāl al-Fazārī, que dijo: oí a ‘Abd Allāh ibn Bišr al-Māzinī decir: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: “Cortad vuestras uñas, enterrad vuestras recortaduras, limpiad vuestras barājim, limpiad vuestras encías de la comida, usad el siwāk, y no entréis ante mí qajran bajran[1144]”. Luego habló sobre ello y lo hizo bien. Dijo al-Tirmiḏī: en cuanto a cortar las uñas, es porque arañan, rasguñan y dañan, y son lugar de acumulación de suciedad; quizá uno incurra en impureza mayor y el agua no llegue a la piel por la suciedad, y permanezca en impureza mayor. Quien incurre en impureza mayor y queda en su cuerpo, tras el baño, un lugar del tamaño de una aguja sin lavar, sigue en impureza mayor hasta que el baño abarque todo su cuerpo. Por eso los exhortó a cortar las uñas. “Aẓāfīr” es plural de “aẓfūr”, y “aẓfār” es plural de “ẓufr”. Y en el hadiz del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, cuando se distrajo en su oración, dijo: “¿Y por qué no habría de errar, si uno de vosotros levanta el rafgh[1145] entre su uña y su yema, y uno de vosotros me pregunta sobre la noticia del cielo mientras en sus uñas hay impureza mayor y suciedad?”. Abū al-Ḥasan ‘Alī ibn Muḥammad al-Ṭabarī, conocido como al-Kiyā, mencionó esta noticia en su “Aḥkām al-Qur’ān”, de Sulaymān ibn Faraŷ Abū Wāṣil, que dijo: fui a Abū Ayyūb —Dios esté complacido con él— y le estreché la mano; vio longitud en mis uñas y dijo: “Un hombre vino al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— preguntándole sobre la noticia del cielo, y dijo: ‘Viene uno de vosotros a preguntar sobre la noticia del cielo mientras sus uñas son como las uñas de las aves, hasta que se acumula en ellas la suciedad y la inmundicia’”. En cuanto a Su dicho: “Enterrad vuestras recortaduras”, el cuerpo del creyente posee inviolabilidad; lo que cae de él y se separa de él conserva la inviolabilidad. Por ello le corresponde enterrarlo, como se entierra cuando muere; si muere una parte de él, igualmente se mantiene su inviolabilidad enterrándola, para que no se disperse ni caiga en el fuego o en basureros inmundos. El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— ordenó enterrar su sangre cuando se hizo la sangría, para que los perros no la buscasen. Mi padre —Dios tenga misericordia de él— nos narró: nos narró Mūsā ibn Ismā‘īl; nos narró al-Hunayd ibn al-Qāsim ibn ‘Abd al-Raḥmān ibn Mā‘iz; oí a ‘Āmir ibn ‘Abd Allāh ibn al-Zubayr decir: su padre le narró que fue al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— mientras se hacía la sangría; cuando terminó, dijo: “¡Oh ‘Abd Allāh! Ve con esta sangre y derrámala donde nadie te vea”. Cuando se apartó del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, se dirigió a la sangre y se la bebió. Cuando regresó, dijo: “¡Oh ‘Abd Allāh! ¿Qué hiciste con ella?”. Dijo: “La puse en el lugar más oculto que pensé que estaría oculto a la gente”. Dijo: “¿Quizá la bebiste?”. Dijo: “Sí”. Dijo: “¿Por qué bebiste la sangre? ¡Ay de la gente por tu causa[1146]! Y ¡ay de ti por causa de la gente!”. Mi padre me narró: nos narró Mālik ibn Sulaymān al-Harawī; nos narró Dāwūd ibn ‘Abd al-Raḥmān, de Hišām ibn ‘Urwa, de su padre, de ‘Ā’iša, que dijo: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— ordenaba enterrar siete cosas del ser humano: el cabello, la uña, la sangre, la menstruación, el diente, el prepucio y la placenta. En cuanto a Su dicho: “Limpiaos vuestras barājim”, las barājim son esos pliegues de las articulaciones, lugar de acumulación de suciedad (su singular es barjama): es el dorso del nudo de cada articulación; el dorso del nudo se llama barjama, y lo que hay entre dos nudos se llama rāŷiba; su plural es rawāŷib. Eso es lo que está hacia su dorso: es la falange del dedo. Cada dedo tiene dos barājim y tres rawāŷib, salvo el pulgar, que tiene una barjama y dos rāŷibas. Ordenó limpiarlas para que no se ensucien y permanezca en ellas la impureza mayor, y para que la suciedad no impida que el agua llegue a la piel. En cuanto a Su dicho: “Limpiaos vuestras encías”, “liṯa” es singular y “liṯāt” plural; es la carne sobre los dientes y bajo los dientes, su lugar de inserción. Y “al-‘umūr” es la poca carne entre los dientes; su singular es ‘umr. Ordenó limpiarla para que no quede en ella la suciedad de la comida, se altere el sabor, se vuelva desagradable el olor y se dañen los dos ángeles, pues es el camino del Corán, y el asiento de los dos ángeles está junto a sus colmillos. Y se transmitió en la noticia, sobre Su dicho, Altísimo: {ما يلفظ من قول إلا لديه رقيب عتيد[1147]} [Qāf: 18], que dijo: “junto a sus colmillos”. Muḥammad ibn ‘Alī al-Šaqīqī nos narró: oí a mi padre mencionar eso de Sufyān ibn ‘Uyayna; y acertó en lo que dijo. Ello es porque “al-lafẓ” es la acción de los labios: expulsan la palabra desde su lengua hacia el exterior. Y Su dicho: {لديه} es decir, “junto a él”; “al-ladā” y “al-‘inda” en su lengua corriente tienen un mismo sentido; y así también su dicho “ladun”, pues la nūn es añadida. Como si la aleya indicase que el “vigilante preparado” está junto al lugar donde se engrosa la palabra, que es el colmillo. Y en cuanto a Su dicho:

“tasannanū”: es el siwāk, tomado de “sinn”, es decir: limpiad el diente. Y Su dicho: “no entréis ante mí qajran bajran”: lo preservado, según yo, es (qaḥlan wa qalaḥan). Oí a al-Jārūd mencionar, de al-Naḍr, que dijo: “al-aqlaḥ” es aquel cuyos dientes se han amarilleado hasta que desde su interior se han vuelto malolientes; y no conozco “al-qakhr”. Y “al-bakhr”: aquel de quien se percibe un olor desagradable en su aliento; se dice: hombre “abkhar”, y hombres “bukhr”. Al-Jārūd nos narró: nos narró Jarīr, de Manṣūr, de Abū ‘Alī, de Abū Ja‘far ibn Tamām ibn al-‘Abbās, de su padre, que dijo: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: “Usad el siwāk; ¿por qué entráis ante mí con dientes amarillentos?”.

La undécima: Sobre recortar el bigote. Es tomar de él hasta que aparezca el borde del labio, que es el marco; y no lo afeite por completo, pues se desfigura; lo dijo Mālik. Ibn ‘Abd al-Ḥakam transmitió de él que dijo: “Considero que debe disciplinarse a quien se afeita el bigote”. Y Ašhab transmitió de él que dijo sobre afeitar el bigote: “Estas son innovaciones; y considero que debe ser castigado con dolor a golpes quien lo haga”. Dijo Ibn Juwayz Mandād: Mālik dijo: “Considero que debe ser castigado con dolor a golpes quien lo afeite”. Como si lo viera como quien se desfigura a sí mismo. Y así también arrancarse el cabello; y recortarlo, para él, es preferible a afeitarlo. Y así se transmitió del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— que tenía melena; y sus compañeros estaban entre quienes tenían cabello abundante o recortado. Solo se afeitó —y ellos se afeitaron— en los ritos. Y se transmitió que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— se cortaba las uñas y el bigote antes de salir al viernes. Dijo al-Ṭaḥāwī: no hallamos nada explícito de al-Shāfi‘ī sobre esto; y sus compañeros que vimos —al-Muzanī y al-Rabī‘— recortaban mucho sus bigotes, lo cual indica que tomaron eso de al-Shāfi‘ī —Dios tenga misericordia de él—. Dijo: en cuanto a Abū Ḥanīfa, Zufar, Abū Yūsuf y Muḥammad, su doctrina respecto del cabello de la cabeza y del bigote era que el recorte extremo (iḥfā’) es mejor que el simple recorte. Ibn Juwayz Mandād mencionó de al-Shāfi‘ī que su doctrina sobre afeitar el bigote es como la de Abū Ḥanīfa. Dijo Abū Bakr al-Aṯram: vi a Aḥmad ibn Ḥanbal recortar su bigote con gran intensidad; y le oí ser preguntado por la sunna en el iḥfā’ del bigote, y dijo: “Se recorta como dijo el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—: ‘Recortad los bigotes’”. Dijo Abū ‘Umar: en este capítulo solo hay dos fundamentos: uno de ellos es “aḥfū”, y es una expresión susceptible de interpretación; y el segundo es “recortar el bigote”, que es explicativo. Lo explicativo prevalece sobre lo general; y es la práctica de la gente de Medina, y es lo más preferible de cuanto se ha dicho en este capítulo. Al-Tirmiḏī transmitió de Ibn ‘Abbās, que dijo: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— recortaba de su bigote y decía: “Ciertamente, Abraham, el Amigo íntimo del Misericordioso, lo hacía”. Dijo: este hadiz es bueno, extraño. Y Muslim transmitió de Abū Hurayra, del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—: “La fiṭra es cinco: la circuncisión, el istihdād, recortar el bigote, recortar las uñas y depilar la axila”. Y en él, de Ibn ‘Umar, que dijo: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: “Diferenciaos de los asociadores: recortad los bigotes y dejad crecer las barbas[1148]”. Los no árabes recortan sus barbas y dejan crecer sus bigotes, o dejan crecer ambos; y eso es lo contrario de la belleza y la limpieza. Razīn mencionó de Nāfi‘ que Ibn ‘Umar recortaba su bigote hasta que se veía la piel, y tomaba estos dos —es decir, lo que hay entre el bigote y la barba—. Y en al-Bujārī: Ibn ‘Umar tomaba de la longitud de su barba lo que excedía el puño cuando peregrinaba o hacía ‘umra. Y al-Tirmiḏī transmitió de ‘Abd Allāh ibn ‘Amr ibn al-‘Āṣ que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— tomaba de su barba de su anchura y de su longitud. Dijo: este hadiz es extraño.

La duodécima: En cuanto a la axila, su sunna es la depilación; así como la sunna del pubis es el afeitado. Si se invirtiera, sería válido por lograrse la limpieza; pero lo primero es preferible, por ser lo más fácil y habitual.

La decimotercera: Separar el cabello: dividirlo en la raya[1149] En su descripción —Dios le bendiga y le conceda paz—: si su trenza[1150] se separaba, separaba (el cabello). Se dice: faraqtu al-ša‘r, afrquhu farqan. Es decir: si el cabello de su cabeza se separaba, lo separaba en su raya; y si no se separaba, lo dejaba como una sola melena[1151] Al-Nasā’ī transmitió de Ibn ‘Abbās que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dejaba caer su cabello; y los asociadores separaban sus cabellos. Y él amaba concordar con la Gente del Libro en aquello sobre lo que no se le ordenaba nada. Luego el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— lo separó después; lo transmitieron al-Bujārī y Muslim de Anas. Dijo el juez ‘Iyāḍ: “dejar caer el cabello” es soltarlo; y lo que aquí se pretende, según los sabios, es dejarlo caer sobre la frente y llevarlo como flequillo. Separar el cabello es sunna, porque es a lo que volvió el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—. Y se ha narrado que ‘Umar ibn ‘Abd al-‘Azīz, cuando regresaba del viernes, ponía guardias en la puerta de la mezquita que recortaban el flequillo de todo aquel que no separase su cabello. Y se ha dicho: que la separación era de la sunna de Abraham —la paz sea con él—. Dios sabe más.

La decimocuarta: En cuanto a las canas, son luz, y se detesta arrancarlas. En al-Nasā’ī y Abū Dāwūd, del hadiz de ‘Amr ibn Šu‘ayb, de su padre, de su abuelo, que dijo: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: “No arranquéis las canas: no hay musulmán a quien le encanezca una cana en el Islam sino que será para él luz el Día de la Resurrección; Dios le escribe por ella una buena obra y le borra por ella una falta”.

Digo: Así como se detesta arrancarlas, también se detesta cambiarlas con negro. En cuanto a cambiarlas con algo distinto del negro, es lícito, por su dicho —Dios le bendiga y le conceda paz— respecto de Abū Quḥāfa —cuando fue traído y su barba era como la thughāma[1152] de blanca—: “Cambiád esto con algo y evitad el negro”. Y bien dijo quien dijo:

Se ennegrece su parte alta y se blanquea su raíz *** y no hay bien en lo alto si la raíz se corrompe

Y dijo otro:

Oh tú que tiñes las canas con alheña para ocultarlas *** pide al Soberano un velo contra el Fuego

La decimoquinta: En cuanto al tharīd, es el alimento más puro y el más bendito; es la comida de los árabes. El Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— atestiguó su excelencia sobre el resto de los alimentos, y dijo: “La superioridad de ‘Ā’iša sobre las mujeres es como la superioridad del tharīd sobre el resto de los alimentos”. Y en el Ṣaḥīḥ de al-Bustī, de Asmā’ bint Abī Bakr, que ella, cuando desmenuzaba el tharīd, lo cubría con algo hasta que se iba su vapor, y decía: oí al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— decir: “Es lo más grande en bendición”.

La decimosexta: Digo: todo esto entra en el sentido de lo que ‘Abd al-Razzāq mencionó de Ibn ‘Abbās, y de lo que dijo Sa‘īd ibn al-Musayyib y otros. Y vendrá la mención del enjuague de la boca, la aspiración nasal y el siwāk en la sura “Las Mujeres[1153]”; el dictamen del istinjā’ en “El Desvinculamiento[1154]”; y el dictamen de la hospitalidad en “Hūd[1155]”, si Dios Altísimo quiere. Muslim transmitió de Anas, que dijo: se nos fijó un plazo para recortar el bigote, recortar las uñas, depilar la axila y afeitar el vello púbico: que no lo dejemos más de cuarenta noches. Dijeron nuestros sabios: esto es una delimitación del máximo de tiempo; y lo recomendable es vigilarlo de viernes a viernes. Este hadiz lo transmite Ja‘far ibn Sulaymān. Dijo al-‘Uqaylī: en su hadiz hay reparo. Y dijo Abū ‘Umar sobre él: no es prueba, por su mala memoria y sus muchos errores. Este hadiz no es fuerte por la vía de la transmisión; pero algunos lo han sostenido. La mayoría opina que no hay fijación temporal en ello. Y Dios es Quien concede el acierto.

La decimoséptima: Su dicho, Altísimo: “Dijo: ciertamente, te pondré para la gente como imām”. El imām es el modelo. De ahí que se llame “imām” al hilo del albañil, y al camino “imām”, porque se sigue en él para los trayectos, es decir, se dirige hacia él. El sentido: te hemos hecho para la gente un imām al que sigan en estas cualidades, y al que imiten los rectos. Dios —Altísimo— lo hizo imām para la gente de Su obediencia; por eso las comunidades se han reunido en la pretensión respecto de él —y Dios sabe más— de que era ḥanīf.

La decimoctava: Su dicho, Altísimo: “Dijo: ¿y de mi descendencia?”. Es una súplica en forma de deseo dirigido a Dios —Altísimo—, es decir: “y de mi descendencia, Señor mío, haz”. Y se dijo: esto, por su parte, es una pregunta acerca de ellos, es decir: “¿y de mi descendencia, Señor mío, qué será?”. Entonces Dios —Altísimo— le informó de que entre ellos hay desobediente e injusto que no merece el imamato. Dijo Ibn ‘Abbās: Abraham —la paz sea con él— pidió que hiciera de su descendencia un imām; y Dios le informó de que en su descendencia hay quien desobedece, y dijo: {لا ينال عهدي الظالمين}.

La decimonovena: Su dicho, Altísimo: {ومن ذريتي}. El origen de “ḏurriyya” es fa‘liyya, de “al-ḏarr”, porque Dios —Altísimo— sacó a las criaturas del lomo de Adán —la paz sea con él— como partículas (ḏarr) cuando les hizo testificar contra sí mismos. Y se dijo: procede de “ḏara’a Allāh al-jalq”, “Dios creó a las criaturas”, “yaḏra’uhum ḏar’an”, es decir, las creó. De ello “ḏurriyya”, que es la descendencia de los dos seres responsables (humanos y genios), salvo que los árabes dejaron su hamza; su plural es “ḏarārī”. Zayd ibn Thābit leyó {ذرية} con kasra en la ḏāl, y {ذرية} con fatḥa. Dijo Ibn Jinnī, Abū al-Fatḥ ‘Uṯmān: el origen de esta palabra admite cuatro formas: una, ḏara’a; la segunda, ḏarrar; la tercera, ḏarw; la cuarta, ḏary. En cuanto a la hamza, es de “ḏara’a Allāh al-jalq”. En cuanto a ḏarrar, es de la palabra “ḏarr” y su sentido, por lo que vino en la noticia: “que la creación era como partículas”. En cuanto a la wāw y la yā’, es de “ḏarawtu al-ḥabb” y “ḏaraytuhu”, se dicen ambas; y ello es Su dicho, Altísimo: {فأصبح هشيما تذروه الرياح

[1156]} [La Caverna: 45]. Esto es por su sutileza y ligereza; y tal es también el estado de las partículas. Dijo al-Jawharī: el viento aventó el polvo y otras cosas, “taḏrūhu” y “taḏrīhi”, “ḏarwan” y “ḏaryan”, es decir, lo dispersó. De ahí su dicho: la gente aventó el trigo. Y “aḏraytu” una cosa: cuando la arrojé, como arrojas el grano para sembrar. Y lo hirió y lo arrojó de la espalda de su montura, es decir, lo lanzó. Dijo al-Jalīl: solo se les llamó “ḏurriyya” porque Dios —Altísimo— la esparció sobre la tierra como el sembrador esparce la semilla. Y se dijo: el origen de “ḏurriyya” es “ḏarūra”; pero, al abundar la geminación, se sustituyó una de las rā’ por una yā’, y pasó a ser “ḏarwiyya”; luego se asimiló la wāw a la yā’ y quedó “ḏurriyya”. Lo que se pretende por “ḏurriyya” aquí son los hijos en particular; y puede aplicarse a los padres y a los hijos. De ello Su dicho, Altísimo: “Y un signo para ellos es que transportamos a su descendencia[1157]” [Yā Sīn: 41], es decir, a sus padres.

La que completa veinte: Su dicho, Altísimo: {قال لا ينال عهدي الظالمين}. Se discrepó sobre lo que se entiende por “pacto”. Abū Ṣāliḥ transmitió de Ibn ‘Abbās que es la profecía; y así dijo al-Suddī. Mujāhid: el imamato. Qatāda: la fe. ‘Aṭā’: la misericordia. Al-Ḍaḥḥāk: la religión de Dios —Altísimo—. Y se dijo: Su pacto es Su orden. “Al-‘ahd” se aplica a la orden. Dijo Dios —Altísimo—: {إن الله عهد إلينا[1158]} [La Familia de ‘Imrān: 183], es decir, nos ordenó. Y dijo: {ألم أعهد إليكم يا بني آدم} [Yā Sīn: 60], es decir: ¿acaso no os presenté antes la orden de ello? Si el pacto de Dios son Sus órdenes, entonces Su dicho: {لا ينال عهدي الظالمين} significa: no es lícito que estén en la posición de quienes aceptan las órdenes de Dios y las cumplen[1159], conforme a lo que vendrá explicado después de esto, anteriormente[1160], si Dios Altísimo quiere. Y Ma‘mar transmitió de Qatāda, sobre Su dicho, Altísimo: {لا ينال عهدي الظالمين}, que dijo: el pacto de Dios en la Otra Vida no alcanza a los injustos; en cuanto a esta vida, el injusto lo alcanzó: creyó en él, comió, vivió y vio. Dijo al-Zajjāj: esta es una buena opinión, es decir: no alcanzan las esperanzas de los injustos; es decir, no les daré seguridad frente a Mi castigo. Y dijo Sa‘īd ibn Jubayr: el injusto aquí es el asociador. Ibn Mas‘ūd y Ṭalḥa ibn Muṣarrif leyeron {لا ينال عهدي الظالمون} con “al-ẓālimūn” en nominativo. Los demás, en acusativo. Ḥamza, Ḥafṣ e Ibn Muḥayṣin dejaron en sukūn la yā’ en {عهدي}, y los demás la abrieron.

La vigesimoprimera: Un grupo de sabios dedujo de esta aleya que el imām debe ser de la gente de justicia, beneficencia y excelencia, con fuerza para llevarlo a cabo. Es aquello sobre lo que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— ordenó que no disputasen el asunto a su gente, conforme a lo que ya se adelantó[1161] en la exposición al respecto. En cuanto a la gente de perversión, tiranía e injusticia, no son dignos de ello, por Su dicho, Altísimo: {لا ينال عهدي الظالمين}. Por esto salieron Ibn al-Zubayr y al-Ḥusayn[1162] ibn ‘Alī —Dios esté complacido con ellos—. Y salieron los mejores de la gente de Iraq y sus sabios contra al-Ḥaŷŷāŷ. Y la gente de Medina expulsó a los Banū Umayya y se alzó contra ellos; y ocurrió la Ḥarra, que Muslim ibn ‘Uqba[1163] les infligió. La opinión de la mayoría de los sabios es que la paciencia en obedecer al imām injusto es preferible a levantarse contra él, porque en disputarle y salir contra él se sustituye la seguridad por el miedo, se derrama sangre, se sueltan las manos de los necios, se lanzan incursiones contra los musulmanes y se corrompe la tierra. La primera es la doctrina de un grupo de los mu‘tazilíes, y es la doctrina de los jariyíes; entiéndelo.

La vigesimosegunda: Dijo Ibn Juwayz Mandād: todo aquel que sea injusto no es profeta, ni califa, ni gobernante, ni muftí, ni imām de la oración; y no se acepta de él lo que narre del poseedor de la Ley; y no se acepta su testimonio en los juicios. Sin embargo, no se le destituye por su perversión hasta que lo destituyan la gente de la solución y el vínculo. Y lo que haya dictaminado anteriormente conforme a lo correcto sigue vigente y no se anula. Mālik lo explicitó respecto de los jariyíes y los rebeldes: que sus sentencias no se anulan si acertaron en ellas un aspecto de iŷtihād y no quebrantaron el consenso ni contradijeron los textos. Solo dijimos esto por el consenso de los Compañeros: los jariyíes se alzaron en sus días y no se transmitió que los imames siguieran sus sentencias, ni anulasen nada de ellas, ni repitiesen la recaudación del zakāt ni la aplicación de los ḥudūd que ellos recaudaron y aplicaron. Esto indica que, si aciertan en un aspecto de iŷtihād, no se interviene en sus sentencias.

La vigesimotercera: Dijo Ibn Juwayz Mandād: en cuanto a tomar estipendios de los imames injustos, ello tiene tres estados. Si todo lo que está en sus manos fue tomado conforme a lo exigido por la Ley, es lícito tomarlo; y los Compañeros y los Seguidores tomaron de la mano de al-Ḥaŷŷāŷ y de otros. Si está mezclado entre lícito e injusticia, como lo que está en manos de los emires hoy, lo escrupuloso es dejarlo; y es lícito para el necesitado tomarlo. Es como un ladrón que tiene en su mano dinero robado y dinero bueno lícito, y un hombre le confió ese dinero; luego el ladrón da limosna con ello a alguien: es lícito tomar de él la limosna, aunque sea posible que el ladrón dé limosna con parte de lo que robó, si no hay algo conocido como botín. Y así también si vendiera o comprara, el contrato sería válido y vinculante —aunque lo escrupuloso sea apartarse de ello—, porque los bienes no se vuelven ilícitos por su entidad, sino por sus causas. Y si lo que está en sus manos es injusticia pura, no es lícito tomarlo de sus manos. Si lo que está en sus manos es dinero usurpado pero no se conoce su dueño ni quien lo reclame, es como si se hallase en manos de ladrones y salteadores: se pone en la tesorería pública y se espera a su reclamante según lo que permita el iŷtihād; si no se conoce, el imām lo destina a los intereses de los musulmanes.

[1128]: ... [1129]: ... [1130]: ... [1131]: ... [1132]: ... [1133]: ... [1134]: ... [1135]: ... [1136]: ... [1137]: ... [1138]: ... [1139]: ... [1140]: ... [1141]: ... [1142]: ... [1143]: ... [1144]: ... [1145]: ... [1146]: ... [1147]: ... [1148]: ... [1149]: ... [1150]: ... [1151]: ... [1152]: ... [1153]: ... [1154]: ... [1155]: ... [1156]: ... [1157]: ... [1158]: ... [1159]: ... [1160]: ... [1161]: ... [1162]: ... [1163]: ...

Notas y Referencias

[1128] Véase t. 7, p. 22.

[1129] Véase t. 8, p. 269.

[1130] Véase t. 14, p. 185.

[1131] Véase t. 12, p. 102.

[1132] Véase t. 18, p. 291.

[1133] Véase t. 17, p. 113.

[1134] En ŷ: «coordinado».

[1135] Más adelante se hablará de las barājim en la cuestión décima.

[1136] El autor mencionará el sentido de istihdād en la cuestión novena.

[1137] En ŷ: «lo mencionó ‘Abd al-Razzāq».

[1138] Dijo al-Nawawī: «Los transmisores de Muslim concuerdan en aligerar (al-qadūm). En las versiones de al-Bujārī se dio discrepancia entre reforzarlo y aligerarlo. Dijeron: y la herramienta del carpintero se llama qadūm, solo con aligeramiento; en cuanto a al-Qadūm, lugar en el Šām, admite aligeramiento y refuerzo. Quien lo transmitió con refuerzo pretendió la aldea; y la transmisión con aligeramiento admite la aldea y la herramienta. La mayoría está por el aligeramiento y por entender la herramienta».

[1139] En a, ḥ: «Ibn Šurayḥ».

[1140] «No exageres»: es decir, no te excedas en apurar la circuncisión.

[1141] En Lisān al-‘Arab: «Dijo al-Zajjāj: se narra que al-Rass son moradas de un grupo de los Ṯamūd. Dijo: y se narra que al-Rass es una aldea en al-Yamāma llamada Falaj. Y se narra que desmintieron a su profeta y lo arrojaron a un pozo, es decir, lo ocultaron en él hasta que murió. Y se narra que al-Rass es un pozo; y todo pozo, entre los árabes, es rass».

[1142] En los ejemplares: «Ziyād»; la corrección es según Tahḏīb al-Tahḏīb.

[1143] Aṭlā: es decir, con nūra, que es una piedra de la que se hace un ungüento para eliminar el vello de las partes internas del cuerpo.

[1144] Los ejemplares difieren en la grafía de esta palabra; la corrección es según «Nawādir al-Uṣūl». El autor —Dios tenga misericordia de él— نقلará el كلام de al-Tirmiḏī sobre este hadiz.

[1145] Al-rafgh: la suciedad que hay entre la yema del dedo y la uña.

[1146] Adición tomada del libro «Nawādir al-Uṣūl».

[1147] Véase t. 17, p. 11.

[1148] Iḥfā’ de los bigotes: recortar lo que se alarga de ellos; e i‘fā’ de las barbas: dejarlas crecer.

[1149] Al-mafraq: el centro de la cabeza.

[1150] Al-‘aqīṣa: el cabello trenzado, una forma de trenzado.

[1151] Al-wafra: el cabello reunido sobre la cabeza.

[1152] Al-thughāma: planta de fruto y flor blancos; se asemeja a ella la blancura de las canas.

[1153] Véase t. 5, p. 212.

[1154] Véase t. 8, p. 262.

[1155] Véase t. 9, p. 64.

[1156] Véase t. 10, p. 413.

[1157] Véase t. 15, p. 34.

[1158] Véase t. 4, p. 295.

[1159] En b, ŷ: «y no dictaminan conforme a ellas».

[1160] Ānifan: «ahora»; y “hice tal cosa ānifan”: es decir, al comienzo de un tiempo cercano a mí.

[1161] Véase t. 1, p. 264, segunda edición.

[1162] En bّّ, ŷ: «y al-ḥīn».

[1163] En los ejemplares: «‘Uqba ibn Muslim», y es una corrupción. El “Día de al-Ḥarra” lo mencionó Ibn al-Aṯīr en al-Nihāya, y dijo: «Es un día célebre en el Islam, en tiempos de Yazīd ibn Mu‘āwiya, cuando su ejército, de la gente del Šām —a quienes convocó para combatir a la gente de Medina de entre los Compañeros y los Seguidores— saqueó Medina. Puso al mando a Muslim ibn ‘Uqba al-Murrī en Ḏū al-Ḥiŷŷa del año 63; y tras ello murió Yazīd. Al-Ḥarra es una tierra a las afueras de Medina con muchas piedras negras, y allí tuvo lugar el combate». Véanse la Historia de al-Ṭabarī, Ibn al-Aṯīr y al-Nuŷūm al-Zāhira en los sucesos del año 63.